martes, 25 de septiembre de 2018

Corrupción en Piura




En lo que va del presente año, hay 289 casos de corrupción en manos del Ministerio Público. Incluye denuncias por obras de rehabilitación. Decano de abogados dice que Piura ocupa el puesto 9 de corrupción en el país.
Los niveles de corrupción en el Perú parecen haber superado los límites y Piura no es ajena a este problema que se sigue manteniendo a lo largo de la historia.
De acuerdo a información del Ministerio Público de Piura brindada a este diario, en este año, desde enero a junio han ingresado 289 casos nuevos de delitos que involucran a funcionarios públicos.
El presidente de la Junta de Fiscales de Piura, Guillermo Castañeda, sostuvo que la estadística también recoge las denuncias hechas por los procesos de reconstrucción.
 


La data también indica que es la Fiscalía Provincial Corporativa Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios de Piuraa donde mayores casos han ingresado, siendo 95. Le sigue la Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Piura con 34. (ver recuadro).
Cabe resaltar que de enero a junio del 2017 los casos ingresados fueron 335.

Cifras alarmantes

Al comparar las cifras del 2017 y 2018, se visualiza que las denuncias ingresadas son menores; sin embargo la data sigue siendo alta.
Ante ello, el decano del Colegio de Abogados de Piura, Manuel Castillo Venegas, opinó que la estadística evidencia que la corrupción sigue enquistada en la administración pública.

"Empezar los primeros meses del año con esa cantidad es una cifra alarmante y que no debemos sentirnos contentos de haber bajado unos casos porque la sensación que se tiene es que hechos concretos no hay […] La población sigue sintiendo que persiste la corrupción”, refirió Castillo Venegas.

Las causas de la corrupción 

De acuerdo con el sistema de análisis desarrollado por Robert Klitgaard, puede esperarse que la corrupción aumente con el grado de ineficiencia en el cual se desarrolla la actividad de las instituciones, con la discrecionalidad de los funcionarios, con el grado de monopolio sobre los servicios que prestan, con los ingresos que pueden obtenerse en las actividades corruptas, con una baja probabilidad de ser descubierto, con unos bajos castigos para las actividades corruptas y con una baja sanción social sobre los individuos corruptos.

INEFICIENCIA

Esta es, probablemente, la causa más importante de la corrupción. La ineficiencia reduce la calidad del servicio que las entidades prestan al público y, por consiguiente, crea estímulos tanto para que cliente ofrezca dinero a cambio de la obtención del servicio como para que el funcionario se involucre en este tipo de transacciones. La ineficiencia está asociada a la carencia o el pobre funcionamiento de los sistemas de planeación y control, lo que hace difícil diferenciar los efectos de las acciones corruptas, establecer las responsabilidades y aplicar los castigos.

MALA CALIDAD DEL CONTROL 

De acuerdo con lo visto anteriormente, la corrupción aumenta cuanto menores sean tanto la probabilidad de que el agente corrupto sea descubierto, como la fuerza del castigo cuando se aplica. En ambos casos la evaluación de la situación colombiana es poco favorable.
Los mecanismos de control de los resultados dc la gestión pública én Colombia son de baja calidad, tanto en lo que se refiere al control puramente administrativo e interno de las instituciones, como al castigo penal a cargo de agentes externos (por ejemplo, el sistema judicial) .
El control administrativo que debería ser llevado a cabo por cada entidad individual no es efectivo por varias razones. En primer término, como ya se mencionó, las entidades frecuentemente no tienen claridad sobre sus propios objetivos, los empleados no conocen tales objetivos adecuadamente y es imposible contar con este punto de referencia fundamental para la evaluación de resultados.
Aparte de esta falla esencial, los procedimientos de control que existen no se cumplen. Existen mecanismos legales creados para llevar a los empleados a responder por sus responsabilidades, pero su efectividad es muy baja.
En la teoría y en la letra de las leyes, la responsabilidad de los funcionarios puede manifestarse en cuatro tipos de consecuencias: civiles, disciplinarias, penales y políticas. Sin embargo, estas consecuencias no llegan a verificarse en la práctica por diversos motivos.  


DISCRECIONALIDAD

Los temas de la operación de los mecanismos de control en Colombia y la discrecionalidad de los funcionarios públicos en el cumplimiento de sus funciones están estrechamente ligados.

Como se mencionó, los sistemas de control se basaron en el pasado en el principio del control previo (la expedición de la Constitución de 1991 podría ser señalada como el momento del cambio hacia un nuevo esquema de control posterior). En los hechos, el control previo terminó por convertirse en una talanquera para la eficacia de la administración y en una fuente de corrupción. 



MONOPOLIOS DEL ESTADO 

El Estado opera como proveedor monopólico de muchos de los servicios que presta en la sociedad colombiana. Estos monopolios permiten que existan entidades que funcionan durante largos períodos con bajos grados de eficiencia v elevados índices de corrupción, sin que el público pueda rechazarlas absteniéndose de comprar sus servicios. Se debe destacar que la existencia de monopolio, público o privado, se presta para la ocurrencia de corrupción. A la inversa, la introducción de competencia en la prestación de servicios, a través de unidades públicas o privadas, diluye las posibilidades de corrupción. 

 

 

Consecuencias 

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1. La destrucción de los organismos de control


Cuando un funcionario no está bien controlado por la institución, se corrompe fácilmente, porque tiene el camino libre para obtener un montón de beneficios con la tranquilidad de saberse impune.
Por eso, una vez que se afirman en sus cargos, los funcionarios corruptos harán lo posible por eliminar todos los controles que puedan poner límites a su acción.
En primer lugar, oficinas, fiscalías y auditorías dedicadas a investigar la corrupción serán poco a poco eliminadas o descabezadas.
En segundo lugar, tarde o temprano un estado de esas características terminará con un enfrentamiento entre el poder ejecutivo y la justicia, que es la última y más poderosa instancia de control de la administración pública.

2. La imposición de políticas de corto plazo


Corromperse no es sólo quedarse con el dinero público. Antes que eso, se trata de perseguir intereses puramente individuales en vez de cumplir con el rol que asigna la institución.
Cuando los hombres de estado sólo persiguen fines individuales, nunca toman medidas que no les den réditos económicos y políticos inmediatos. Por eso no ejecutan políticas de largo plazo, cuyos resultados gozarán generaciones futuras, no ellos.

3. El deterioro de la infraestructura nacional


Es evidente que la consecuencia de no tener políticas de largo plazo es la paulatina destrucción de los bienes y recursos del estado.
¿Por qué invertir en el mantenimiento de las vías férreas si, por ahora, los trenes funcionan? ¿Qué nos motiva a construir usinas eléctricas si, más allá de algunos cortes de luz, la mayoría de las casas tiene energía? ¿Para qué perforar pozos petroleros si, por el momento, nos alcanzan las divisas para importar combustibles?
Viviendo de lo inmediato, el estado corrupto y desregulado no se va ocupar de la infraestructura nacional hasta que las consecuencias de su deterioro no afecten directamente su supervivencia. Sólo entonces actuará, pero mostrando su absoluta incapacidad, ya que intentará resolver con una sumatoria de medidas espectaculares un problema que requiere una profunda planificación.

 

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